Reeditando viejas costumbres
Revista Insurrección, número 197, 28 de diciembre 2009

El “acuerdo militar” entre Estados Unidos y el gobierno de Colombia, ha
revivido el tradicional tema de las intervenciones militares de los
gringos en los diferentes continentes cuando sus intereses se sienten
amenazados.
Lo trágico o lo cómico, como cada cual quiera verlo, es que los gobiernos
lacayos sigan creyendo que los EE.UU. tengan aliados, no es casual que
Uribe o los Santos sientan que se les infla el ego cuando hablan de su
“aliado del norte”.
Luego de concluida la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU. junto con
Inglaterra crearon una red de ejércitos secretos para desarrollar lo que
se llamó la Operación Gladio en los países de Europa occidental para
impedir que el Comunismo se expandiera por el continente, en la gestación
de toda esta estructura de conspiración, sabotaje y terrorismo, estuvieron
las agencias de espionaje norteamericana y británica: CIA y el MI6.
En 1990 se descubre que la OTAN, desde su creación, estaba implicada en la
Operación Gladio y su red de ejércitos secretos, y que El SHAPE, órgano
del mando del aparato militar de la OTAN, era quien dirigía este entramado
de conspiraciones, operaciones encubiertas, acciones de terrorismo,
depósitos secretos de armas en diferentes países. Cada país del continente
tenía su seccional de “ejército secreto”, aún los países que posan de
neutrales como: Bélgica, Austria, Suecia, Suiza y Noruega.
Al descubrirse la existencia de unos protocolos secretos de la OTAN, donde
los servicios secretos de los países firmantes resultan implicados en la
lucha contra la expansión del comunismo, terminó por irritar al entonces
Presidente de Francia Charles de Gaulle, quien considerando que dichos
protocolos violaban la soberanía nacional, expulsó a la OTAN de su país y
la obligó a trasladar su sede a Bélgica, desde luego que en apariencia,
pues su cuartel general siempre ha estado en el Pentágono. De igual manera
ocurre con el SHAPE, con sede en (Casteau) Bélgica, donde el jefe siempre
ha sido un general gringo.
Las Fuerzas Especiales británicas (SAS) con una amplia experiencia en
operaciones contrainsurgentes y no convencionales fueron las encargadas de
entrenar a todo el personal que se fue reclutando para estos ejércitos
secretos, incluidos los norteamericanos, de donde éstos toman el nombre
para sus boinas verdes.
Estos ejércitos secretos o “durmientes” siempre han estado ahí, por eso no
es de extrañar que fuesen posibles las operaciones realizadas por la CIA
en Europa, como los secuestros, las cárceles clandestinas y demás
operaciones de sabotaje y terrorismo que aún no se sabe quien las ejecutó.
La Operación Gladio se diseñó para la Europa occidental de la guerra fría,
que se extendió hasta 1990, pero igual aconteció con el continente
americano, donde se vivieron operaciones para mantener a sus países bajo
su influencia, como aconteció desde la intervención militar en Guatemala
en 1954, pasando por el golpe militar contra Salvador Allende en 1973 y
cerrando su ciclo en Suramérica, para continuarlo en Centro América contra
Nicaragua, Salvador y Guatemala desde sus bases instaladas en Honduras.
La década de los 90 con el difundido “fin de la Historia” y el definitivo
triunfo del capitalismo, en su versión neoliberal, condujo a un desastre
social que puso sobre el camino nuevos procesos de cambio, que hoy
configuran una esperanza para los pueblos.
En el intento por frenar esta ola de los pueblos, el imperio
norteamericano reactiva todo su arsenal, desde el disfrazado golpe militar
en Honduras, hasta el montaje de las bases militares gringas en suelo
colombiano. Pero todas ellas enfocadas a recuperar el dominio pleno sobre
el continente.
Se ha señalado últimamente que las salidas que se pretendió dar a Irak y
Afganistán, resultaron peor que el mal que se buscaba superar, pues se
llegó a tal grado de inestabilidad que es prácticamente imposible
recuperar el control, y las mismas sociedades ya sostienen que siempre
estuvieron mejor antes que después de la ocupación gringa.
Al leer el texto público sobre el “acuerdo militar” entre Colombia y
EE.UU., se comprende con claridad que no es un acuerdo, con la rigurosidad
que debería ser, sino un acta de intenciones, que deja abierto el camino
para definir más de una decena de “acuerdos secretos”, repitiendo de esta
forma lo ya vivido con la Operación Gladio en Europa, con los llamados
protocolos secretos, que aún hoy no se conocen.
La readecuación de la Base aérea de Palanquero, ya presupuestada por los
gringos, antes de aprobarse el mencionado acuerdo, deja claro que las
intenciones no se quedan dentro de las fronteras para combatir el
terrorismo y el narcotráfico, sino que se extienden hasta la Patagonia,
pues en los cálculos para las operaciones se habla de la importante
posición de dicha base ya que desde ahí un avión C-17 puede cubrir medio
continente sin necesidad de reabastecimiento de combustible, o hasta
Tierra de Fuego si se reaprovisiona allí.
Según el Comando Sur, Palanquero se convertirá en una “Base de Seguridad
Cooperativa”, “suficiente para que la movilidad aérea alcance todo el
continente de América del Sur”. ¿Para qué se requiere una base aérea de
alcance continental? Si a la par las Fuerzas Armadas colombianas se vienen
reestructurando sobre la misma lógica gringa, de fuerzas divisionarias,
comandos unificados, y una doctrina operacional cuyo centro es la “guerra
contrainsurgente global”.
Antes de finalizar el presente año se conformó la Octava División del
Ejército, con el puesto de mando localizado en Yopal pretende cubrir
Casanare, 5 municipios de Boyacá y los departamentos fronterizos con
Venezuela, Guainía, Vichada y Arauca. Los 22 batallones y los más de 16
mil hombres, de dicha división, junto a las tropas de la Segunda División
que cubre el resto de la frontera norte con el país bolivariano, son
verdaderas estructuras de guerra que se alistan para planes nada
pacíficos.
La justificación para conseguir la financiación de la readecuación de
Palanquero se hizo con el argumento que era necesaria para frenar los
“gobiernos anti-estadounidenses de la región”, así que las viajas
estructuras de las guerras secretas realizadas en estas y otras latitudes
se reviven, ya sea como la Operación Cóndor, o como Golpes de Estado, o
como escuadrones de la muerte, o como una “revolución de colores”, siempre
llevando en el fondo operaciones criminales, todo para defender los
intereses del imperio.