Francesco Saverio Merlino (1856-1930): Un Pensamiento Original
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Saturday January 02, 2010 06:44
by Gianpiero Landi

A fines de junio de 1930 moría en Roma, casi olvidado, un hombre de carácter y de corazón: el abogado Francesco Saverio Merlino. Depositamos sobre su tumba la flor del reconocimiento, deseando que sea posible un día para la nueva generación el conocer su obra anarquista que hoy ignora totalmente.

Fotografía de un archivo policial de Merlino, del 30 de Septiembre de 1890
Francesco Saverio Merlino
ENTRE EL MARXISMO Y EL ANARQUISMO[1]
Un pensamiento original
Nacido el 15 de septiembre de 1856 en Nápoles, de una familia de la mediana burguesía, Merlino siguió sus estudios en su ciudad natal y pasó muy joven los exámenes de derecho. La insurrección del Benevento (1877), por la cual su antiguo compañero de estudios Errico Malatesta era llevado ante la justicia, suscitó el interés y la curiosidad de Merlino y lo hizo conocer las ideas que defendía la Internacional. Después de haber tomado la defensa de Malatesta, de Cafiero y de otros internacionalistas, Merlino subscribió con entusiasmo a las ideas socialistas anarquistas y se embarcó en la lucha política activa donde aportó su valentía y su notable inteligencia sostenida por una sólida cultura. Retomó así con Malatesta una amistad que habría de perdurar toda la vida, más allá de las divergencias teóricas de los años de madurez.
En 1879, Merlino público sus dos primeros folletos de una cierta importancia, consagrados a los napolitanos Vicenzo Russo y Carlo Pisacane, precursores del socialismo moderno. Estos ensayos mostraban claramente las raíces de la formación cultural y política de Merlino que se remitían explícitamente a la tradición democrática y revolucionaria del Sur. Durante numerosos años, Merlino trabajo de cuerpo entero y sin reservas en el seno del movimiento anarquista del cual se volvió, al igual que Malatesta, uno de los representantes más influyentes y más escuchados. La voltereta de Costa no tuvo ninguna influencia sobre él, a parte de algunos matices en su manera de juzgar al tránsfuga, se mantuvo en la época en posiciones intransigentes, revolucionarias y antiparlamentarias.
Fueron años esenciales consagrados a una actividad de propaganda y de lucha política cotidiana que le valieron el ser vigilado y perseguido por la policía. En 1884, fue condenado a cuatro años de prisión en un proceso en Florencia donde estaban inculpados igualmente Malatesta y otros compañeros. Antes de que la sentencia se volviese ejecutoria, Merlino se refugió en el extranjero: es el comienzo de un exilio que debía durar diez años. Periodo fundamental para su formación: pudo abrir definitivamente su cultura a otros horizontes, analizando directamente la realidad social y política de otros países y ampliando el cuadro de sus intereses y sus conocimientos. Se estableció en Londres, que dejó en varias ocasiones para trasladarse a numerosos países europeos y a los Estados Unidos. Fue al mismo tiempo un militante extremadamente activo, lo que le valió tener problemas con la policía en numerosas ocasiones, y un hombre de estudio no menos activo. Pese a las privaciones y a los riesgos, dio prueba de una prodigiosa fecundidad intelectual. Participó en calidad de delegado italiano en diversos congresos internacionales anarquistas o socialistas, entre ellos el de París en 1889 que vio la fundación de la Segunda Internacional y en el curso del cual llevó adelante una polémica contra los representantes de la socialdemocracia alemana. Conociendo perfectamente varias lenguas, dio artículos teóricos apreciados a numerosas revistas importantes, francesas, belgas, alemanas e inglesas.
En 1877, publicó en Londres
¿Socialismo o Monopolismo?, obra importante y de una originalidad cierta en donde el autor muestra un manejo de los fenómenos económicos desconocida para los socialistas italianos de su tiempo, y sobre todo una intuición remarcable del peso creciente de los monopolios en la economía de los países más desarrollados y de las transformaciones que implicaba. Luego, en 1890, Italia tal cual es, escrito para el público francés. Por primera vez la historia de Italia posterior al Risorgimento, después de la conquista real y la unificación, era abordada de un punto de vista socialista en una obra de gran envergadura. Partiendo de una vasta documentación de la proveniencia más variada, Merlino demostraba que "
la revolución de 1860 fue hecha por la burguesía contra el pueblo, por el capital contra la tierra, por la industria contra la agricultura, por el norte contra sur”. Una tal clarividencia – señalada- hace que Merlino pueda ser definido como el primer socialista meridionalista de Italia. Este libro y el precedente marcan, tanto por el tema como por el rigor científico con el cual es tratado, el conjunto de los escritos anarquistas y socialistas italianos de la época y testimonian una autonomía y una originalidad de pensamiento que se anuncian las obras de su madurez.
Todo un proceso de profundización de las teorías anarquistas comenzaba, que llevó a Merlino a elaborar, desde el interior, posiciones críticas para con tendencias principales del movimiento. Dotado de un espíritu práctico y extranjero a todo utopismo, Merlino veía el anarquismo desde un ángulo constructivo y concreto, lo que se manifestaba en particular en la atención constante que prestaba a los problemas de organización de la sociedad futura. Ponía el acento sobre los aspectos positivos y constructivos del programa y estaba animado, en su manera de abordar los problemas, de una exigencia de rigor y concreción que lo empujaban a mostrarse insatisfecho e impaciente frente a formulaciones vagas y demasiado generales. Esta manera concreta de abordar los problemas desde el ángulo constructivo lo llevó a combatir desde su primera aparición las tendencias individualistas y antiorganizadoras que se difundieron en el movimiento en los últimos años del siglo, en reacción contra el legalitarismo de la socialdemocracia. Con el objetivo de romper con los anarquistas antiorganizadores y de proponer a las corrientes revolucionarias de la época una plataforma común, Merlino publicó, en 1892, el folleto
Necessita e basi de un accordo. El autor sostenía, con tal vez más determinación y más radicalmente aún, posiciones que eran igualmente las de Malatesta, con quien el actuaba aún en perfecto acuerdo. Campaña que continuó con la publicación, al año siguiente, de
Individualismo nell’anarchismo, donde, a la crítica de el individualismo terrorista y de las posiciones de Tucker, se sumaba la crítica, nueva, de la concepción comunista anarquistas de Kropotkine que Merlino estimaba demasiado optimista y aproximativa, fundamentalmente no científica e inaplicable. Al simplismo de Kropotkine oponía la existencia de fenómenos y de leyes económicas -como el valor- prácticamente indestructibles, y utilizando el pensamiento de la escuela marginalista, Merlino denunciaba por primera vez la teoría de la socialización de las rentas y los beneficios, que se mantendrá con un aspecto original de su pensamiento en el plano económico.
En 1894, después de la revuelta de los “Fasci” de Sicilia y de las revueltas de Lunigiana, la esperanza de una revolución cercana se expandió entre los exiliados internacionalistas. Con Malatesta y Malato, Merlino volvió a Italia para organizar la insurrección pero, denunciado por un estudiante, fue arrestado casi inmediatamente en Nápoles. Era algunos meses antes de que se beneficiara de la prescripción y hubo de purgar la pena a la cual había sido condenado en 1884. Salió de prisión en 1896 tras una amnistía y, después de una corta estadía en Nápoles, establece definitivamente su residencia en Roma.
Merlino utiliza la tregua forzada de los años de prisión para reexaminar las experiencias pasadas. El proceso que debía llevarlo a dejar el movimiento anarquista llegaba a su madurez, y pasó de una posición de adhesión crítica a una nueva fase que se situaba a partir de entonces, neta y conscientemente, fuera del anarquismo.
MERLINO SE SEPARA DEL ANARQUISMO.
Merlino dejó explícitamente el movimiento anarquista después de una larga polémica con Malatesta, famosa con razón, que comenzó en enero de 1897 y se continuó a lo largo de todo el año en diferentes diarios. Nacida de un llamado de Merlino a los anarquistas para incitarlos a abandonar el tradicional abstencionismo y a participar en las elecciones, la polémica se extendió poco a poco a otros temas hasta llegar sobre el conjunto de problemas del anarquismo y de la democracia. Pese a la pasión que los guiaba, los dos protagonistas lograron mantener el debate sobre el plano elevado de una confrontación teórica evitando con elegancia el caer en querellas demasiado fáciles de personas. Decepcionado del movimiento anarquista y llevado por su exigencia de lo concreto, Merlino sometió a su interlocutor a un bombardeo de preguntas y objeciones. Su actitud estaba sin duda influenciada por la difícil situación política de Italia del fin de siglo, que se caracterizaba por una agresión contra las libertades fundamentales. Frente a esta represión, le parecía a muchos natural que todos los partidos y los movimientos de izquierda dejaran temporalmente de lado sus divergencias ideológicas para presentar un frente común. No está tampoco excluido que haya influido el éxito que las posiciones de la socialdemocracia parecían lograr a escala europea. Malatesta comprendió que las intenciones de su viejo amigo eran sinceras; reconoció que presentaba problemas reales que no podían ser esquivados y tomó la ocasión que ofrecía la polémica para establecer firmemente algunos puntos destinados a ser obra de clarificación y de orientación para los compañeros. Malatesta se daba cuenta que más allá de una aparente similitud en sus trayectorias políticas, Merlino no era un nuevo Costa. Sin hablar de la calidad intelectual de Merlino, no existían en su caso partido constituido o por constituir y, por lo demás, el anarquismo había ya adquirido una solidez y una profundidad teórica suficientes para soportar sin traumatismos ni desgarros una pérdida tan dolorosa como la de Merlino. Cuando se releen los documentos de la polémica, delante de ese clima de serenidad relativa en el cual ella se desarrolla, tenemos la impresión de asistir a un esfuerzo, de una parte y de la otra, por estudiar a fondo los mismos problemas, complejos y estrechamente ligados, el uno encontrándose al interior y el otro al exterior, pero los dos partiendo de ideas vecinas más que opuestas.
Merlino dejó el movimiento anarquista pero de una manera y en términos tales que no implicó el fin de los vínculos de amistad y de respeto con sus antiguos compañeros. Con el tiempo, esos vínculos se vieron incluso reforzados gracias a la disponibilidad generosa de la cual Merlino dio siempre prueba, para tomar la defensa de anarquistas delante de la ley, como fue el caso después del regicidio de Monza, cuando acepta valientemente el defender a Bresci (lo que Filippo Turati había, por el contrario, rechazado).
MERLINO Y EL SOCIALISMO
Paralelamente a la crítica del anarquismo, Merlino retomó y desarrolló en profundidad la crítica del marxismo y de la política de la socialdemocracia alemana, críticas que él había comenzado en los años precedentes, y encontraron entonces una formulación más profunda y más estructura. Con
Pro e contro il socialismo (1897), L’Utopia collettivista (1898), Formas y Esencias del Socialismo (1898) y la importante
Revista Crítica del Socialismo que apareció bajo su dirección durante todo el año 1899, Merlino se colocó en el centro del vasto movimiento europeo de crítica y de revisión del marxismo que caracterizó ese fin de siglo. Merlino, quién había adelantado y en cierta manera había preparado ese fenómeno, se volvió un interlocutor apreciado de personalidades como Bernstein en Alemania y Sorel en Francia, pero esto le valió igualmente ser blanco de polémicas a menudo venenosas de la parte de intérpretes ortodoxos del máximo, como Antonio Labriola y Leonida Bissolati. Más que de revisión, es más exacto hablar, en el caso de Merlino, de crítica del marxismo y aquí, anteriormente, él no había nunca antes adherido propiamente tal a las teorías de Marx. Fue para Merlino un periodo de fecundidad intelectual extraordinaria, en el curso del cual, su pensamiento alcanzó su plena madurez, trazó las líneas fundamentales de su visión original del socialismo, a la cual se atuvo bastante fielmente en sus obras posteriores.
Pese a ideas políticas notablemente diferentes y a pesar de las polémicas que lo oponían a los representantes más conocidos del Partido Socialista, Merlino adhirió al PSI a fines de 1899. Parece haber mantenido la esperanza, en la época, de que el desarrollo de la situación política general y un proceso de maduración teórica e ideológica natural pudiese llevar al PS hacia posiciones similares a las que él elaboraba hace un tiempo. El objetivo de Merlino fue, desde entonces, estimular desde el interior un proceso de revisión y de ayudarlo a imponerse de forma tal de hacer del Partido Socialista la viga maestra de un proyecto político de transformación socialista de la sociedad, proyecto al cual, según él, debían converger todas las fuerzas políticas progresistas, incluyendo a los socialistas anarquistas.
Las esperanzas de Merlino no demoraron en verse truncadas. Debió sostener luchas largas y duras contra los dirigentes del PS, con Turati en especial. En su polémica con Turati, Merlino escribió en 1901 los folletos
Partito socialista o partito operaio? (Partido socialista o partido obrero?) y
Collettivismo, lutta de clase e...Ministerio (Colectivismo, lucha de clases y... ministerio), en las cuales la discusión pasaba de las cuestiones teóricas a los problemas tácticos y contingentes de la lucha socialista. En 1902, en el congreso de Imola, Merlino fue abucheado y no pudo continuar su discurso sino gracias a la intervención en su favor de Enrico Ferri. Después de una candidatura sin éxito en las elecciones políticas de 1904, en un distrito de Pouilles, quedó hastiado y amargado, prácticamente aislado al interior del Partido Socialista, organizado alrededor de dos corrientes principales, que el estimaba inadecuadas la una como la otra: el reformismo de Turati y el sindicalismo revolucionario. Se puede considerar que la experiencia de Merlino en el seno del PSI toma fin con la escisión que, en 1907, sanciona la partida definitiva de los sindicalistas.
Después de esa fecha, Merlino dejó la vida pública para consagrarse casi exclusivamente al ejercicio de su profesión. Aparte de algunas polémicas ocasionales, como aquella que lo opuso a Fabbri y Galleani ese mismo año de 1907 a propósito de "el fin del anarquismo", no retomó una actividad realmente política sino inmediatamente después de la guerra. En el clima sofocante y agitado de luchas sociales y políticas que comenzaron con el fin de la gran masacre, Merlino no renunció, pese a sus años, a contribuir por su cultura y su inteligencia a la comprensión de los fenómenos. Una buena parte de los escritos de Merlino de esta época aparecieron en diarios y en revistas anarquistas. En sus escritos, después de un largo paréntesis, retomaba la vieja polémica con Malatesta, incluyendo igualmente a Fabbri y a otros representantes del anarquismo. Son esas algunas de las páginas más penetrantes, más estimulantes y más sugestivas de la literatura política italiana y ellas se colocan, aún hoy, entre los documentos de reflexión más profundos y más eminentes sobre el problema democracia-socialismo-anarquismo.
Las convicciones democráticas particulares a las cuales había llegado Merlino, hostiles al bolchevismo, fueron consolidadas por la reacción desencadenada por el fascismo y su instalación victoriosa en el poder. Su compromiso ético y político lo hizo tomar riesgos nada despreciables: asumió la defensa de los antifascistas en numerosos procesos que se intentó llevarles adelante. Defendió igualmente a Malatesta y Borghi en el proceso de Milán en 1921 y fue el abogado en el proceso de Diana. Polémica directa contra el fascismo y sus métodos, pero también con interesantes implicancias teóricas más generales,
Fachismo e Democracia (1924) y
Política e Magistratura (1925) fueron sus últimos folletos. Después, hasta su muerte ocurrida en plena era fascista, Merlino se vio obligado a callar pero su oposición moral intransigente a la dictadura no menguó por ello.
En 1948 solamente, Aldo Venturati sacaba a la luz
Il problema economico e político del socialismo que Merlino había escrito hacia 1923: este trabajo notablemente importante aportaba los últimos retoques a su sistema teórico y las circunstancias mismas de su aparición, después de la muerte de Merlino, le daban el valor de un verdadero testamento espiritual.
SU CONCEPCIÓN DEL SOCIALISMO
De entrada, el socialismo de Merlino se define como un socialismo ético. El problema, afirmaba, es moral y jurídico, antes incluso de ser económico. El socialismo es visto como el punto de llegada de una nueva idea de la justicia que se ha impuesto lentamente a lo largo de la historia y cuyo fundamento es una concepción más evolucionada de la relación entre los seres humanos. El eje alrededor del cual se articula toda la reflexión de Merlino es la distinción, que subraya con fuerza, entre la esencia del socialismo por una parte y por otra las doctrinas económicas, políticas, científicas, filosóficas, morales en las cuales él se concretiza. Los diferentes sistemas tienen su propia justificación histórica y tienen cada uno su parte de validez, pero representan al mismo tiempo la parte del socialismo que está destinada a desaparecer. Las insuficiencias del sistema no quitan nada a la validez del socialismo que es una aspiración del hombre al bienestar general de la justicia y que, en tanto que tal, no puede ser suprimida y está destinada a imponerse.
Encontramos en esta tesis las raíces mismas de la fuerza penetrante de las búsquedas de Merlino, pero también un elemento ambiguo que subsistirá en todo lo que elaborará. En efecto, esta distinción que él opera permite a Merlino analizar y criticar la diferentes doctrinas fuera de todo prejuicio, sin colocarse afuera del campo socialista, e incluso con la conciencia de cumplir un trabajo de revisión necesario que, lejos de debilitar al socialismo, lo fortalece. Pero al mismo tiempo, en su manera de abordar los problemas, al lado de esa feliz intuición concerniente a la autonomía del proyecto socialista con respecto al desarrollo histórico, hay igualmente una reducción inaceptable del socialismo a una tendencia general hacia el progreso en los diferentes ámbitos de la vida social. Esa confianza en el progreso, que puede parecer optimista y acrítica y que aparece en todo caso como inaceptable, es evidentemente debida a la formación positivista de Merlino, que tiende a aflorar frecuentemente, aunque sea bajo formas particulares y discretas, bien diferente de las borracheras cientificistas de muchos de sus contemporáneos. Alimentado de positivismo, Merlino cree ver en la historia humana una evolución constante, incluso si no es siempre lineal, hacia siempre más justicia y racionalidad. Por lo cual, en la medida en que el socialismo de Merlino se presenta bajo un aspecto fundamentalmente voluntarista, la tendencia que desarrolla es el concebir la lucha en términos de llevar apoyo a un proceso ya en acción, y que nada puede detener.
Todo proyecto socialista auténtico supone una transformación radical de lo que existe; este aspecto, que le da todo su valor, no es mantenido por Merlino. Y sobre todo, abandona la intuición anarquista fundamental de los vínculos que unen necesariamente el fin y los medios, de lo cual se desprende que sólo los medios apropiados, llevando ya en ellos los elementos de la nueva sociedad, pueden llevar el socialismo. Es dejar la puerta abierta a un acercamiento pragmático y relativista a los problemas que estará en el origen de resultados notables y de notables fracasos. Podemos verificar inmediatamente ésta afirmación examinando la manera en que Merlino concibe la lucha por el socialismo. Partiendo también de la crítica (que gana terreno a finales de siglo) de la tendencia a la proletarización de las clases intermediarias, sostenida en la teoría de Marx -teoría desmentida por los hechos de forma manifiesta- Merlino refuta y combate toda concepción fatalista de la revolución. La sociedad socialista le parece el prolongamiento de la sociedad presente y él estima que es posible, y que hay que, introducir en ella desde ahora elementos del socialismo, a través de un vasto movimiento de reformas. No niega la revolución, pero para él queda en segundo plano. Es una fase por la cual habrá sin duda que pasar cuando la presión reformadora consciente choque con las formas de la vieja sociedad que no querrán o no podrán hacer más concesiones. Para realizar el proyecto de transformación reformista de la sociedad, Merlino propone una alianza entre la clase obrera y las clases medias contra el círculo restringido de quienes detienen efectivamente el capital y el poder. El socialismo es visto no como el triunfo de una clase sobre otras sino como la victoria del interés general sobre los intereses particulares. Es la meta común de los movimientos progresivos de todas las clases. Merlino no elimina el principio de la lucha de clases pero lo modifica y lo integra en una teoría socialista con el principio del interés general, que implica igualmente el principio de la solidaridad de clases.
Merlino sostiene estas teorías brillantes y estimulantes con argumentos de una gran firmeza. La relación que establece entre reforma y revolución es extremadamente interesante. Pero para la realización de su proyecto político comete el error de confiar en fuerzas institucionales, sino exclusivamente, al menos en una gran medida. Para él, el movimiento reformador debe embestir todos los sectores. Parte del trabajo, tiene su centro de gravedad en la sociedad, pero debe encontrar una correspondencia directa hasta en la esfera institucional y parlamentaria. El hecho que Merlino haya aceptado la estrategia electoral y, más aún, las esperanzas que puso durante varios años en Partido Socialista muestran bastante lo que hemos dicho. Merlino no se da cuenta, o más bien olvida, que no es sino manteniéndose en un plano rigurosamente anti-institucional que el movimiento de transformación socialista de la sociedad podrá evitar él ser uno más de los múltiples cambios puramente formales de relaciones de fuerza. Teniendo en cuenta sus límites, está claro que Merlino puede ofrecer ideas teóricas importantes, incluso a un movimiento auténticamente revolucionario.
Se pueden hacer el mismo tipo comentarios en lo que respecta a la manera en que trata de esbozar los elementos fundamentales de la sociedad socialista; un tema al cual Merlino acordó siempre mucha atención. Su punto de partida le está dado por la doble crítica que hace al marxismo y al anarquismo. En lo que concierne al anarquismo, su condena del individualismo es neta y sin apelación, en la medida en que el individualismo no se plantea el problema de la sociedad o no da sino una imagen realmente fugitiva; en cuanto el comunismo anárquico según la interpretación autorizada que da Kropotkine, le reprocha el dar de la sociedad una visión demasiado vaga y demasiado vacía, desprovista de formas determinadas y concretas y por lo tanto escapando a todo examen y a toda crítica. Su crítica del marxismo es más cerrada; para él, el marxismo no ofrece, a pesar de sus pretensiones, una explicación suficiente de los hechos sociales, y la concepción de lucha que propone ésta en contradicción formal con la acción práctica que debe llevar el Partido Socialista.
Esas opiniones de Merlino están dirigidas contra la concepción materialista de la historia, contra la idea de la lucha de clases y sobre todo contra la teoría del valor. Merlino utiliza igualmente el aporte de economistas que eran sus contemporáneos, en particular de los marginalistas austríacos, y, de acuerdo a él, la tentativa de Marx por unificar todos los hechos económicos y dar un fundamento científico a la teoría del valor es un fracaso total. De acuerdo a la economía clásica, Marx considera que el trabajo es la única fuente de riqueza y la base de su teoría es que los intercambios se hacen entre equivalentes. Si se parte de una situación de igualdad, es efectivamente en el curso del proceso de producción capitalista que la mercancía trabajo, por su naturaleza particular, formará plusvalía constituyendo la fuente de ganancias del capitalista y es entonces ahí donde hay explotación. Merlino niega que la extorsión en detrimento del trabajador ocurra solamente a lo largo del proceso de producción y no igualmente antes y después. La explotación encuentra su primera puesta en obra en el contrato mismo de trabajo, que no puede ser considerado como equitativo ya que se hace entre sujetos que están en condiciones desiguales. Pero hay más. El comercio, los impuestos, la usura bancaria y privada, las especulaciones financieras, los derechos de protección, los fraudes, esas son algunas de las formas que toman igualmente la extorsión, al beneficio de las clases dirigentes. La crítica que hace de Marx se prolonga en la polémica de Merlino contra el colectivismo sostenido por la socialdemocracia y realizado con posterioridad por los bolcheviques.
Debemos señalar en todo caso que Merlino hace una distinción entre las posiciones de Marx, al cual reconoce un cierto genio, y las de sus epígonos. Merlino se levanta con fuerza contra una visión de la sociedad futura tendiente a una economía dominada por planes de producción rígidos elaborados de manera centralizada, donde todos los trabajadores se volverían asalariados de un capitalista colectivo único, el Estado socialista. Merlino retoma las críticas que el anarquismo hace tradicionalmente contra un tal proyecto y le suma nuevas consideraciones de tipo esencialmente económico. Pone en evidencia la dificultad que existen para evaluar y retribuir equitativamente el aporte de cada uno a la producción común, y por ende la imposibilidad, prácticamente, de satisfacer integralmente el principio colectivista que se exprime en la fórmula "a cada uno según su trabajo". Declara que pretender confiarle a un organismo centralizado el cuidado de calcular la necesidad de la población, de repartir el trabajo y los recursos, de fijar los objetivos de producción a alcanzar, es una pretensión manifiestamente absurda que, de realizarse jamás, sería una fuente inevitable de gasto innecesario. Subraya en fin que un sistema autoritario como ese, lejos de liberar a los trabajadores, subyugaría aún más la casi totalidad de la población a un pequeño número de individuos situados en la cúspide del aparato Estado.
Puestas de lado estas críticas, Merlino aprecia tanto el espíritu de solidaridad del cual parte la concepción comunista como la aspiración colectivista a la retribución justa del trabajo, y busca producirlas en su propia concepción de la justicia (distributiva y retributiva). Al comunismo y el colectivismo, Merlino opone una visión de la sociedad donde se realiza la socialización de los medios de producción, confiados a los trabajadores individuales o asociados bajo una forma cooperativa, y donde el mercado subsiste como regulador de la producción y del consumo. Este mercado deberá tener todos los correctivos necesarios para impedir distorsiones del sistema, como la formación eventual de monopolios. La sociedad debe garantizar a todos iguales condiciones de partida y limitarse a querer para ella las rentas (correspondiente a las diferencias de productividad de los terrenos) y los beneficios, que serán destinados a los gastos colectivos. La visión que Merlino tiene de los hechos económicos es compleja y realista. Estima que no pueden simplificarse más allá de ciertos límites. Su existencia no es negada y cuando se reconoce que no pueden ser suprimidos, la única vía posible es reconvertirlos en beneficio de la colectividad.
Al lado de la visión dinámica y pluralista en el plano económico, hay entonces en el pensamiento de Merlino una valorización de la democracia en el plano político, lo señaló Mirko Roberti, Merlino entiende el punto de llegada técnico-burocrático del marxismo, pero no aplica los mismos criterios cuando analiza el sistema de poder democrático y parlamentario. Sin embargo hay que ser más precisos sobre este punto. Es evidente que existe de la parte de Merlino un esfuerzo sincero para llegar a una sociedad donde se dé la mayor libertad posible, y donde el ejercicio del poder sea reducido al mínimo indispensable. Es precisamente el hecho de partir de esta tesis que un mínimo de poder es de todas maneras indispensable para la vida social, que coloca a Merlino afuera del socialismo anarquista y libertario y lo sitúa más bien entre los socialistas liberales cuya prospectiva es justamente la búsqueda del "mínimo Estado posible". Sería sin embargo injusto no señalar que cuando Merlino emplea el término Estado, es en un sentido que se acerca mucho, de no ser equivalente, a un órgano de administración de las cosas reconocido como necesario por una buena parte del pensamiento anarquista. Con respecto los anarquistas, Merlino pone sobre todo el acento en la necesidad, para la cohesión social, de normas y sanciones, e insiste sobre la necesidad imperativa de especializar las funciones de la vida social y económica que deben, a su modo de ver, ser confiadas a cuerpos institucionales. Él también ve el peligro potencial de autoritarismo que un tal mecanismo implica, pero lo considera como lo único razonable y realizable, y pasa a señalar sin cesar que el poder debe mantenerse en el cuerpo social, los administradores no debiendo ser sino simples ejecutantes de la voluntad colectiva. Merlino parte de problemas reales que el pensamiento anarquista ha a menudo subestimado o eludido y es innegable que numerosas de sus argumentaciones parecen convincentes. El momento ha tal vez llegado de volver a tomarlas en mano y de arreglar con él unas cuentas morosas durante demasiado tiempo.
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Anexo
FRANCISCO SAVERIO MERLINO
Errico Malatesta
Il Risveglio, 26 de julio 1930
He sabido, por una carta privada, la dolorosa noticia de la muerte de Francesco Saverio Merlino, ocurrida el 29 de junio pasado.
Fue uno de los escritores más dotados, claros y convincentes entre quienes han escrito sobre lo que nos importa. Sus obras completas representarían un buen número de volúmenes, sobre todo si se pudiese reunir todo lo que escribió y publicó en muchos diarios que tuvieron una vida breve, en revistas internacionales, en números únicos, en cuadernillos prácticamente inencontrables.
Desde hace un cuarto de siglo y tal vez más, Merlino había dejado nuestro movimiento que él decía terminado y al cual no acordaba por decirlo así ya razón de ser. No sabemos qué conjunto de causas lo llevaron a esas conclusiones; pero es seguro que la exigida tolerancia que encontraban entre nosotros los locos, los extravagantes, y los corrompidos debió contribuir a que se alejara de nosotros. Constatar que un mal tiene un origen social para llegar a la conclusión que no debe condenarse y menos ser combatido, que no son explicados sino que simplemente se felicitan de ello, eso conduciría a los partidarios de una renovación total a aceptar los compromisos más degradantes. ¿Pero cómo Merlino, de espíritu tan agudo y perspicaz, no se dio cuenta que era más que nunca nuestra hora, frente a la concentración económica y a un absolutismo político relativo vuelto poco a poco una suerte de credo universal, sobre todo después de la guerra, el bolchevismo y el fascismo? Hoy día que, gracias al derrumbe total de la dictadura y de sus economías correspondientes, la mayoría se obstina en echar la culpa a los hombres y no primero sobre el sistema. A los anarquistas de demostrar al mundo la posibilidad de armonizar libertad individual y solidaridad universal.
Incluso fuera de nuestras filas, Merlino siempre tuvo un comportamiento valiente, leal; siempre estuvo del buen lado de la barricada. No se dobló frente al fascismo; mantuvo una actitud digna de opositor que no se hizo jamás ilusión y que no se desdijo jamás. Mientras le fue posible hacerlo, el defensor de Gaetano Bresci no dudó en asumir con ardor - el de su fe- y con convicción - la que le aportaba su doctrina- la defensa de los nuestros que eran víctimas.
Depositamos sobre su tumba la flor del reconocimiento, deseando que sea posible un día para la nueva generación el conocer su obra anarquista que hoy ignora totalmente.
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FRANCESCO SAVERIO MERLINO
Almanacco libertario, 1931
A fines de junio de 1930 moría en Roma, casi olvidado, un hombre de carácter y de corazón: el abogado Francesco Saverio Merlino.
Saverio Merlino había nacido en Nápoles en septiembre de 1858; hizo sus estudios secundarios con los Hermanos de las Escuelas Cristianas y trabó amistad con Errico Malatesta que estaba en el mismo colegio. Luego, Malatesta, que tenía tres años más que Merlino, dejó el colegio y partió hacia el extranjero después de numerosas vicisitudes (prisión, levantamientos internacionalistas de 1874, proceso en "
cours d’assises” en Trani); los dos amigos se perdieron de vista. En 1877, de vuelta en Italia, Malatesta fue arrojado en prisión junto a una treintena de compañeros por el asunto de la "banda de Benevento”, y los diarios hablaron mucho de él. Merlino que, en el entretanto, se había vuelto abogado, quiso entonces conocer exactamente las razones por las cuales su antiguo amigo de colegio había sido llevado a prisión. Por su medio familiar, era adversario del gobierno y por temperamento amaba la justicia y la libertad; tuvo inmediata simpatía por las ideas de los anarquistas encarcelados, las estudió y las aceptó; adhirió a la Internacional y contribuyó a defender a los anarquistas encarcelados delante de los jueces de Benevento - que habrían de liberar a todos los acusados.
A partir de ese momento, se consagró a la idea anarquista y durante una veintena de años, él fue, en Italia y afuera de Italia, uno de los propagandistas más activos y más eficaces del comunismo anárquico; ponían en su propaganda una nota personal por su tolerancia y su espíritu práctico que lo distinguían de la mayoría de los compañeros. Escribía folletos y periódicos que el Parquet[2] secuestraba sistemáticamente. Fue detenido en numerosas ocasiones por "medidas de seguridad pública" e incluso encarcelado después del atentado de Passamante en Nápoles, en cuyo proceso se le intentó implicar.
Saverio Merlino tomó parte del Congreso revolucionario de Londres, en 1881. Después, luego de un periodo en prisión y de un periodo de intensa actividad de propaganda, Merlino fue encarcelado en 1883 bajo la acusación de complot contra el Estado, junto a Malatesta, Pavada, Trabalza y otros. En realidad, no había de cierto sino un afiche conmemorando la Comuna de París, pero el gobierno quiso aprovechar la ocasión para desembarazarse de gente que le causaba problemas. Después la acusación de complot contra el Estado se volvió "asociación de maleantes" y como el Parquet no osaba afrontar el juicio del jurado, el proceso fue "llevado a correccional", como era de uso en la época; dicho de otra manera, se encontraron o se inventaron circunstancias atenuantes que daban derecho a la libertad condicional pero sometían a los acusados al tribunal correccional, esto quiere decir a los jueces de oficio. Esta manera, después de seis meses de detención, los acusados fueron puestos en libertad y, después de un tiempo, comparecieron frente a la justicia como "acusados libres". Los debates sirvieron para develar las sórdidas maniobras de la policía y a los acusados para ganar la simpatía y la estima del público. Pero la orden era condenar. Merlino, el más duramente golpeado, se encontró con cuatro años de prisión, pena reducida posteriormente, en apelación, a tres años.
Después de la apelación y del recurso de casación, cuando la condena estaba sobre el punto de ejecutarse, Merlino se refugió en el exterior. En Francia, donde fue posteriormente condenado por un llamado a los soldados, en Bélgica, en Malta, en los Estados Unidos, en Inglaterra; y en todas partes se hizo notar por su actividad: artículos en diarios y revistas, conferencias, libros (
Capitalismo e Monopolismo e
Italia tal cual es).
Merlino tenía contemplado volver a Italia 10 años más tarde, cuando su condena hubiese proscrito. Pero ocurrió el movimiento de los "fasci” obreros en Sicilia y la insurrección de Lunigiana; y Merlino, como Malatesta y otros, adelantaron su retorno para tomar parte en una insurrección general que parecía probable. Reconocido o traicionado, Merlino, disfrazado de cura, fue arrestado en Nápoles el 30 de enero de 1894. A causa de esos pocos meses de adelanto, no pudo beneficiarse de la prescripción y debió purgar la pena que le había sido infligida en 1883.
Merlino salió de prisión el 9 de febrero de 1896 y, inmediatamente después, hizo saber que sus ideas habían cambiado. Repudió el anarquismo y abrazó una especie de socialismo o democratismo que hubiese debido reunir todos los partidos que llamaban avanzados: anarquistas, socialistas, republicanos, demócratas, anticlericales, etc. Esos eran sus proyectos y sus esperanzas. Se declaró partidario de las luchas electorales y de la entrada al Parlamento y se inscribió en el Partido Socialista, sección de Nápoles.
Explicó sus nuevas ideas en algunos folletos y en los libros
Pro e contro il socialismo, L’Utopia collettivista a la crisi del socialismo scientifico; fundó una
Revista Crítica del Socialismo que demostró ser muy interesante y sostuvo diversas polémicas en los diarios. Pero todo ello en vano: su revista desapareció rápidamente por falta de apoyo y él que quiso reagrupar a todo el mundo fue abandonado por todos y quedó aislado. Los anarquistas a los cuales podría haber sido muy útil con sus críticas a veces justas, no podían evidentemente seguirlo, visto el conjunto de sus ideas y sus tendencias parlamentarias en particular; los republicanos lo encontraron muy socialista y los socialistas juzgaron su socialismo aún demasiado libertario. Tal vez estos últimos tuvieron incluso miedo de encontrar en él un competidor peligroso, por su talento y su doctrina.
[1] Título del "dossier" sobre Merlino, de donde está extraído el artículo de G. Landi, presentado por “A” Rivista Anarchica en su número 86 de octubre 1980, en la ocasión del cincuentenario de la muerte de Merlino.
[2] Parquet: nombre que se le daba a la policía política italiana.
Traducción Vicente Neira