Reflexiones Acerca De La Victoria De Obama
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Sunday November 09, 2008 13:06
by Henry Boisrolin - CDH (A)

El análisis de los puntos de vista publicados a nivel mundial acerca del triunfo de Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas, no es tarea sencilla. Lo mismo puedo decir con respecto a las causas fundamentales esgrimidas para explicar su abrumadora victoria. Lo que sí surge como denominador común, es el reconocimiento de que dicho acontecimiento no dejó indiferente a casi nadie en el mundo. Obama ha acaparado la atención de muchísima gente tanto dentro como fuera de su país, como así también la de todas las expresiones ideológicas y políticas. Es sobre todo en función de dicha realidad que me ha surgido la idea de escribir las líneas que siguen.
Ciertamente, ese interés mundial se encuentra ligado a dos fenómenos:
1) el desastre provocado por los 8 años de la administración Bush;
2) el factor étnico -siendo Obama el primer afroamericano que llega a la Casa Blanca como presidente-. Sin duda, se trata de un hecho político y cultural de cierta trascendencia, si se tienen en cuenta las características de la sociedad norteamericana desde la proclamación de su independencia en 1776.
Con respecto a este último factor, he leído varios análisis, y he escuchado algunos discursos, de los más insólitos. Pues revelan mayoritariamente un racismo subyacente al utilizar un lenguaje perteneciente a la antropología racista al referirse a Obama. Conceptos racistas tales como “hombre de color”, “negro”, etc., etc., han inundado las páginas y discursos donde muchos pretenden explicar el triunfo del candidato demócrata, aclamar o felicitar a este último. La pregunta que hago siempre cuando escucho o leo “hombre de color” es la siguiente: ¿si hay hombres de color, existen hombres sin color? Luego, a esta altura del desarrollo de la historia, pienso que no se puede, al referirse a un tema tan delicado, seguir utilizando el término “negro” sin especificación alguna, porque, así, dicha práctica repite concientemente o inconcientemente un término propio de la jerga colonialista. Además, actuar de ese modo, es, a mi juicio, una manera de suscribir a la tesis elaborada por la antropología racista que ha dividido a les seres humanos en razas. Algunos de esos análisis me hicieron recordar a Frantz Fanon cuando escribió, con razón, en “Piel Negra, Máscaras Blancas”: “El negro no es un hombre. El negro es un hombre negro”. También dijo: “Cuando me quieren, me dicen que es a pesar de mi color. Cuando me detestan, añaden que no es por mi color…”. Y remataba afirmando: “El negro vive en un mundo de blanco, creado a imagen del blanco para satisfacción de las necesidades del blanco”.
Pero hay otros aspectos más importantes que esas referencias racistas que merecen también algunas reflexiones. Me refiero a lo político propiamente dicho. En efecto, varios artículos me dejaron la impresión que han definido más a Oboma por su fenotipo, por sus caracteres anatómicos hereditarios, y no por su ideología, por su posición de clase, por su pertenencia al “establishment” norteamericano. No dan cuenta de que Obama representa una excelente oportunidad para ese “establishment” en su intento por recomponer la imagen tan desgastada de los EE.UU. en el mundo. Con esos tipos de análisis, los 20 millones de pobres en los EE.UU., han de esperar cambios en su lamentable situación por el solo hecho de que Obama es un afroamericano.
En lo que atañe a los dirigentes europeos, entiendo sus elogios a Obama como muestra cabal de hipocresía y cinismo. Pues proclaman su alegría por la llegada de un afrodescendiente a la presidencia norteamericana, pero ellos aplican una política migratoria profundamente racista en contra de los africanos. La política aplicada por los actuales dirigentes de la Comunidad Económica Europea es, en este sentido, la expresión más clara y evidente de la vigencia del racismo en ese continente.
En cuanto a Obama, además de su millonaria campaña, hasta ahora no dijo que va a poner fin al criminal bloqueo que han mantenido varias administraciones -demócratas como republicanas- contra Cuba. Tampoco habló del cierre inmediato de la cárcel de Guantánamo y de la devolución de ese territorio a Cuba. No planteó el retiro de las tropas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) impuestas desde 2004. No dijo que va a trabajar a favor de la creación de un Estado Palestino, respetando la decisión mayoritaria del pueblo palestino. Sí es cierto que Obama es partidario del retiro de las tropas norteamericanas de Irak, pero en un lapso de 16 meses –un tiempo, a mi entender, demasiado largo al tener en cuenta los enormes padecimientos del pueblo iraquí-. Al mismo tiempo, es menester recordar que para Obama habría que reforzar la presencia militar de su país en Afganistán. Posición que suscribe la práctica de invadir a países que ellos consideran como terroristas. Y, por último, hace falta entender que Obama no es Malcom X, no es la reencarnación de Stokely Carmichael, tampoco de James Forman, de Huey Newton y de Boby Seale, más allá que no se puede entender su nominación independientemente de la larga lucha de los afroamericanos desde la época de la esclavitud.
Hasta prueba de lo contrario, no creo que pueda surgir un presidente más criminal y terrorista que Bush. Además, al tener en cuenta la espantosa crisis que afecta a los EE.UU. y el mundo capitalista en general, seguir el modelo de Bush sería un suicidio político. Obligatoriamente, entonces, el presidente Obama tendrá que producir algunos cambios sustanciales con respecto a su antecesor, sino las expectativas que ha despertado su elección en el mundo y, sobre todo, entre los afroamericanos, durarán sólo el espacio de un soplo del corazón. No creo que trabajará para terminar con los EE.UU. como potencia imperialista; por lo tanto, sigo apostando a la lucha de los oprimidos del mundo, incluidos los de los EE.UU., para lograr cambios reales, y no a los caracteres anatómicos y hereditarios de Barack Obama. Sigo pensando que la contradicción fundamental sigue siendo: imperialismo versus pueblos periféricos, cualquiera sea el presidente que llegue a la Casa Blanca sin una renovación real de la política de gobierno a partir del desarrollo de la lucha de clases en los EE.UU. donde los explotados sean los que definen las medidas y no los monopolios. Y, como lo proclamó correctamente la UNESCO desde octubre de 1967: “Todos los hombres que viven en nuestro tiempo pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco”; no encuentro, entonces, razón alguna para hablar de Obama de otra manera.
Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
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